Edición Marzo de 2010 - Revista El Viajero - Bogotá D.C - Colombia - ISSN 2011-8988 - Derechos Reservados

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La bahía que no quiso ser puerto.

Por. Yeison Medina M.

BAHIA MALAGA

El año pasado, no se sabía, si se hubiera tenido la oportunidad de hablar de este lugar como atracción ecológica y turística. Las ideas de construir un puerto comercial en esta bahía semejante al de Buenaventura ponía en duda la conservación de la riqueza natural que lo representa.

Los grupos ecologistas, cinco comunidades del Valle del Cauca y el Gobierno de Colombia concretaron un acuerdo para conservar este cálido rincón del Pacífico y considerarlo como el quincuagésimo quinto (55º) Parque Natural Nacional (PNN) de Colombia.

Bahía Málaga, perteneciente al municipio de Buenaventura en el departamento del Valle del Cauca, es un parque que abarca 50 mil hectáreas, de las cuales el 90% son ecosistemas marinos y el 10% restante, son zonas costeras donde predominan formaciones vegetales propias de regiones pantanosas.

Acantilados, playas y la inmigración de ballenas yubartas o jorobadas convierten a la entrada del Océano Pacífico en tierras colombianas, una verdadera joya natural digna de ser respetada y apreciada por los nativos y los viajeros.

Las personas que lleguen a Bahía Málaga observarán cómo los cetáceos de más de 17 metros de largo llegan a las aguas tibias del Pacífico para alimentarse, descansar, aparearse, parir y lactar a sus crías en sus primeros meses. Toda una demostración de vida en poco tiempo.

Con saltos por encima del espejo acuático, los seres gigantes y legendarios, mostrarán al hombre la magnificencia de la Madre Tierra y de los elementos que conforman a ésta. Los saltos no serán para divertir a la gente, son la forma de demostrar agradecimiento por brindar las facultades para seguir un ciclo vital.

Avistamiento de aves migratorias, gran variedad de peces y tortugas marinas será el culmen para ubicar al conocedor en un “paraíso terrenal-acuático” y, cuando él se encuentre saciado del esplendor ecológico de Bahía Málaga –algo que nunca ocurrirá, siempre se querrá observar durante más tiempo su belleza–, deberá dirigirse e internarse en el ámbito cultural de la región.

Los indígenas Waunaan, los afrodescendientes y los blancos mestizados revelarán lo que es Colombia en un pequeño territorio, es decir, una variedad no solo en sus climas, sino en sus costumbres y en sus gentes.

Una simbiosis de timidez, espiritualidad y sabiduría se percibirá al encontrarse con un Waunaan. Hombres y mujeres que respetan, más que ninguno otro, a la Tierra y la consideran como lo que es: una madre y un hogar.

El sabor, la alegría y la camaradería, serán los agentes que el viajero hallará cuando interactúe con el negro, que en un pasado fue traído de algún país de África y se apropió de estas tierras.

Bahía Málaga será una gran experiencia para quien la conozca. Su gente, su fauna, su flora: su ecosistema, conforman el paisaje vivo de la Bahía que se resistió a ser un puerto mercantil más.

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