Próxima estación: Madrid
Por. Yovanna Blanco Reinosa.

La capital española despertó de un dulce sueño el pasado dos de octubre, al tiempo que Río de Janeiro certificaba su potente liderazgo mundial. Y, con ella, sus ciudadanos, que habían hecho suya una corazonada que presagiaba la conquista de un asiento de honor, el segundo después de Barcelona 92, en el Olimpo del deporte.
Sinónimo de diversidad y de frenética actividad, la capital española es un crisol de culturas y estación final para muchos españoles que abandonan su lugar de nacimiento para probar fortuna en la gran ciudad, de ahí que los madrileños de origen y no de adopción sean rara avis. También tienen que decir los turistas extranjeros que, en los últimos años, han descubierto que, si los tesoros de Gaudí se encuentran en Barcelona, en Madrid se esconden las raíces del país.
Frente al vanguardismo cosmopolita de su rival, la capital ofrece retazos de historia que, aunque alejados en términos de cantidad, se sitúan a la altura del patrimonio de ciudades europeas como Londres, París o Roma. Es el caso de monumentos simbólicos como el Palacio Real, el Monasterio de San Lorenzo de El Escorial y la Universidad de Alcalá de Henares.
Madrid debe su nombre a las aguas que discurrían por la villa y, en particular, al arroyo de la céntrica calle de Segovia. La
denominación es anterior al periodo musulmán, época en la que comienza a hablarse de la ciudad de Madrid, en la que no obstante se han encontrado restos prehistóricos y de la era romana. Durante la época visigoda, la región estaba unida a la capital, Toledo, hasta que, en la segunda mitad del siglo IX, Muhammad I decidió aprovechar su privilegiada ubicación para convertirla en fortaleza defensiva de Toledo ante posibles ataques cristianos. En 1083, tras la conquista de Alfonso VI, Madrid pasó a formar parte de los territorios cristianos de Castilla y León. Foco convivencia de cristianos, musulmanes y judíos, en 1202, se otorgó el primer Fuero de Madrid, por el se regía la vida municipal y que granjeó a Madrid el título de ciudad.
A principios del siglo XV, el rey Enrique III ordenó la construcción de un palacio en El Pardo para ser utilizado como lugar de recreo y cacerías. La llegada de los reyes Católicos al poder supuso el crecimiento de Madrid, que gracias a las exenciones de impuestos y otros
privilegios dictados por los monarcas, contaba con 3.400 habitantes a finales del siglo XV. Su importancia se incrementó en 1561, tras ser elegida sede de la Corte de los reyes españoles debido a sus extensos bosques y a su abundante agua. En 1584, la pujanza de Madrid queda inmortalizada con la construcción, por iniciativa de Felipe II, del Monasterio de San Lorenzo de El Escorial, que es además iglesia y panteón de los Reyes de España. Años después, en 1606, bajo el reinado de Felipe III, Madrid conquistó definitivamente la capitalidad española. Un rango que la urbe ha conservado con el paso de los siglos, lo que ha incrementado el vínculo entre la ciudad y la monarquía.
El crecimiento demográfico de Madrid pronto se vio acompañado del saneamiento de la villa, con la llegada del espíritu de la Ilustración, encarnado en el rey Carlos III. El alumbrado público y el alcantarillado son algunos ejemplos de los avances de este periodo, en el que se culminan grandes obras y reformas urbanísticas de algunos
monumentos de Madrid que, en la actualidad, son condición sine qua non para los visitantes de la ciudad. Es el caso de la Puerta de Alcalá (junto al Parque del Retiro, el principal pulmón verde de la capital), el Jardín Botánico, el edificio de Correos (que alberga, en la actualidad, la sede del Ayuntamiento de la ciudad), las fuentes de Cibeles y de Neptuno (donde acuden el Real Madrid y el Atlético de Madrid citan a sus seguidores para festejar sus títulos deportivos) y el Palacio Real, que quedó fijado como residencia definitiva de los monarcas españoles. Sin embargo, lo cierto es que el actual rey, Juan Carlos I, no habita en él y el edificio alberga un museo.
Tan sólo se utiliza durante actos de Estado, como encuentros diplomáticos y eventos oficiales. A pesar de su carácter casi estrictamente decorativo, el Palacio Real es el principal ejemplo del pasado histórico de Madrid y ofrece al visitante la posibilidad de descubrir los ornamentos y elementos característicos de cada dinastía, además de un amplio catálogo de obras de arte, entre las que la destaca una serie de pinturas al fresco.
Pero Madrid no es una ciudad estancada en el pasado. Al contrario, es una villa que vive por y para el visitante, y que nunca duerme. Por este motivo, además de sus monumentos y sus museos (apartado en el que destacan El Prado, el Thyssen Bornemisza y el Reina Sofía), lo que enamora de Madrid es su carácter abierto y acogedor. En él confluyen las grandes marcas de moda que buscan seducir al cliente de alto standing, pero deambulando por sus calles también es posible descubrir las tendencias más novedosas y arriesgadas, en barrio de TriBall, junto al centro de la villa. Esta habilidad para sorprender al turista y ofrecerle exactamente lo que busca tiene su reflejo en la vida nocturna de la ciudad, cuyos barrios se convierten al ritmo de la música caribeña, del rock o del dance.
Todo ello regado con el legado castizo de multitud de pequeños bares (y terrazas, cuando el tiempo lo permite), donde una caña de cerveza acompañada por un bocadillo de calamares son el mejor tentempié para aliviar el dolor de pies y recuperar las fuerzas tras una jornada de turismo. Porque Madrid es una ciudad para
pasearla, con distancias abarcables y que sólo admite un consejo: abrir bien los ojos puesto que un nuevo tesoro está a su alcance en cualquier esquina.
Asimismo, en la región, destacan otras localidades de interés, como por ejemplo Aranjuez, a unos 50 kilómetros al sur de Madrid, villa barroca donde se ubica otro de los palacios ligados a la monarquía española y famosa por sus espárragos y sus fresas, fruta que dio origen al Tren de la Fresa. Con este nombre se conoce al trayecto que une Madrid y Aranjuez, la segunda línea de ferrocarril española, inaugurada por la reina Isabel II el 8 de febrero de 1851.
En el caso de Chinchón, su cercanía a la gran urbe no ha hecho mella
en esta pequeña localidad, en la que destacan sus casas agrupadas en cerros en torno a la Plaza Mayor, construida en la época medieval. Las primeras edificaciones con balcones y soportales fueron levantadas en el siglo XV y, actualmente, la Plaza Mayor está formada por construcciones de tres plantas y 234 balcones de madera. Los fines de semana y días festivos, este símbolo de Chinchón es el punto de partida de los burro-taxi que conducen al visitante a un inolvidable paseo.
Para los amantes de la naturaleza, la localidad de Manzanares El Real ofrece un parque regional protegido, que custodia uno de los parajes más visitados por los habitantes de Madrid en busca de asueto, La Pedriza, un canchal situado en plena Sierra de Guadarrama, y refugio de aves junto al Embalse de Santillana. Desde Madrid, también es posible visitar ciudades cercanas como Toledo, Segovia, Ávila y Cuenca, a unas dos horas de distancia en coche.







