Aventura en la cueva de los espíritus andaquíes
Por. Yeison Medina Medina

Chillidos agudos se escuchan al llegar a esta cueva milenaria. La bienvenida a este lugar mítico y paradisiaco la brindan seres de 60 centímetros de longitud, de vestimentas rojizas moteadas con manchas albas y de miradas fijas y contundentes.
Los Guácharos, aves fructíferas e insectívoras son quienes reciben a los viajeros que consiguen internarse en sus dominios, potestades bautizadas por el hombre como Cueva de los Guácharos.
Este Parque Nacional Natural PNN ubicado sobre la Cordillera Oriental Andina, en el departamento de Huila, específicamente en el municipio de Acevedo es una cavidad natural de 90 km², de altitud variada -desde los 1610 hasta los 2840 metros sobre el nivel del mar- que conserva selvas de características andina y amazónica, asegurando un ecosistema biodiverso.
Al encontrase el viajero en la Cueva de los Guácharos puede observar además del ave insignia y dueña del lugar, numerosas especies como
los gallitos de roca y la pava de monte. Asimismo, mamíferos como el murciélago, réptiles como la serpiente tiro, arácnidos e insectos. A nivel de flora, se encuentran los colosos guardabosques naturales y verdes llamados roble negro, laurel, nogal, quina y canelo que aprecian como la cavidad de piedra de 20 metros de alto y 25 metros de ancho es bañada por el portentoso río Suazo.
En el interior de la Cueva de los Guácharos el visitante se sumergirá por diversas rutas, diferentes cavernas como la Cueva del Indio, la Cueva del Tigre y la Cueva del Hoyo. Por estos túneles podrá practicar la espeleología o estudio de las cavernas, el senderismo y el avistamiento de aves. De igual manera, quien se interne sin miedo alguno y con intenciones de ser uno mismo con la naturaleza, la Madre Tierra
representada en este parque natural ensenará tres de sus apreciados tesoros: la Cascada de la quebrada de los Cristales, el Puente natural sobre el río Suazo y las milenarias columnas calcáreas que se han desarrollado por precipitación de los minerales contenidos en las aguas subterráneas.
Al final del recorrido, los mismos Guácharos con sus chillidos agudos, que según la cosmogonía del pueblo indígena Andaquí son los lamentos de los nativos sobrevivientes que se refugiaron en estas cavernas para protegerse de la conquista española y que al ir muriendo reencarnaron en estas aves, despiden al viajero y lo invitan a que siga conociendo y respetando lugares que además de ser mágicos, son importantes para el sostenimiento de nuestro planeta.






