Vancouver: tan placentera en el comer como en la florida primavera
Por. Diana Margarita Vásquez
Fotografía: Mauricio y Diana Vásquez

En British Columbia, "La Beautiful Vancouver" como se le conoce y se le publicita en las placas de sus vehículos, es la más coqueta de las féminas desde el mes de abril, cuando aproximadamente la primavera desgaja sus encantos en centenares de arbustos de diversas especies, que en tonos rosa y blanco, se roban las miradas.
En una atención solo comparable con la inspirada por los tulipanes de vivos tonos, entre los cuales se destacan los de color vinotinto casi negros, colores que se replican en las florecillas que salen por arte de magia de los garden center y los invernaderos.
Esa rabiosa cita primaveral, sembrada en macetas, parques públicos y antejardines residenciales tiene teatro con espectáculo propio en el Queen Elizabeth Park, una antigua granja a pocos minutos del downtown, que fue convertida por la generosidad de un pronombre lugareño, en un santuario de plantas y flores, donde sobreviven especies conocidas por los firts nation, o primeros pobladores indígenas de Canadá, así como las traídas por los colonos, de origen europeo.
Vancouver es una ciudad ubicada en las costa oeste canadiense, pero se da el lujo de estar resguardada por unos picos
nevados que como centinelas vigilan desde las alturas, a lo largo de la ciudad. Cual guardianes de cabeza entrecana, esos picachos son el recurso que tienen los residentes para echarse una voladita de fin de semana a esquiar, casi sin importar la estación en que se esté, a pocos minutos del downtown. Sus nombres emergen en la memoria por la particularidad de su figura: Los tres leones, parecen fieras descansando después del hartazgo de la caza, sobre una mole que vigila desde lo alto; la elevación de Whistler; las Rocky Mountains, Grouse Mountain y el Whistler Village, a 100 kilometros al norte de Vancouver, que será la sede de los Juegos Olímpicos de Invierno 2010Es accesible por aire desde el aeropuerto internacional de Vancouver, dónde es posible encontrar vuelos baratos desde los principales aeropuertos americanos y europeos.
El mercado público de Gran Ville Island, con sus sabores y colores, es otra experiencia grata en esta ciudad de tradición gastronómica. Allí pululan los vegetales y frutas orgánicos, las flores exóticas que provienen de diversos confines del mundo; entre ellas un stand dedicado a las orquídeas muchas de ellas "orgullosamente colombianas", aunque les atienda, en un español marcado con el acento local, una dama mexicana. Y los aficionados a la culinaria consiguen los frescos ingredientes para preparar los platillos de occidente, oriente, norte o sur.
El chinatown de Vancouver aloja la mayor parte de los 370 mil asiáticos que viven en ella, siendo uno de los más grandes de América del norte. Buscar el prototipo de belleza de Vancouver es una tarea inhóspita, pues el mestizaje entre asiáticos y canadienses de origen europeo, ofrece unos rostros y figuras de asombrosa belleza y diversidad. A su exotismo los jóvenes le agregan formas extravagantes y a la vez elegantes de vestir y de llevar el cabello, que los hacen sumamente atractivos.
En honor a su tradición pesquera, la ciudad guarda como un sitio casi de devoción y obligado refugio de los famosos, el pueblo de Steveston, que desde el siglo XVIII fue una potente industria envasadora de pescado, con sus más de 3000 trabajadores japoneses que llegaron allí en solo 40 años y los nativos canadienses. Una vez concluida la
segunda guerra mundial, con sus secuelas sobre la política global, la población oriental fue desplazada a Ontario y la industria paso a manos canadienses, hasta finales del siglo XX, cuando esta modalidad de producción fue reemplazada por otras mas rentables. Hoy Steveston - con su infraestructura de hoteles, restaurantes y demás servicios - es un pintoresco pueblo muy popular por sus productos del mar.
La primavera llega a Vancouver casi un mes antes de las más norteñas ciudades y de igual manera se marcha, pero deja en el recuerdo el color resplandeciente de esa florescencia generosa, que le indica a uno que si se quiere amar este país, se debe empezar por conocerlo en tal estación, empezando por Vancouver. No en vano Marguerite Yourcenar escribió que en este país se encontraban paisajes que provocaban abrazarlos contra el pecho, debió sentirlo así, aun en el invierno, pero qué estremecedoramente bella es la primavera.







